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martes, 27 de enero de 2015

Perashat Beshalaj

Los Iehudim ya habían salido de Egipto, pero ahora tenían que llegar a Eretz Israel.  Había un camino más corto que pasaba la tierra de los Pelishtim (Filisteos), el cual no eligieron porque por miedo a una batalla, los Iehudim querrían volver a Egipto. En cambio, Hashem los condujo por alrededor de la tierra de los Pelishtim, y entrarían a la Tierra Prometida por el lado Este.
Para guiarlos en el desierto, Hashem mandó una nube de día y una columna de fuego por la noche. Además, seis nubes más: una en cada punto cardinal, una arriba y otra debajo de sus pies para protegerlos del calor, frío, escorpiones, atacantes...
El pedido inicial de Moshé era irse por tres días para hacer un Jag a Hashem. Cuando salieron de Egipto, Paró mandó custodios para que Am Israel vuelva concluido el plazo. Al pasar los tres días y ver que no volvían, los mitzrim salieron a perseguirlos. Hashem ordenó a Moshé que los Iehudim retrocedieran, así los egipcios estarían más cerca.  Al darse cuenta los Bené Israel de que eran perseguidos, se aterraron. Hashem hizo que la nube que los guiaba, vaya detrás de ellos, así atrapaba las lanzas y hubo una densa oscuridad (como en la plaga) entre los egipcios.
Moshé les dijo que siguieran camino, a pesar que lo único que había era el Iam suf (mar Rojo/de los juncos).  Primero entró Najshón ben Aminadav y cuando el agua le llegaba a la nariz, Hashem abrió las aguas.  Explican nuestros jajamim, ¿por qué justo hasta la nariz/mentón? Una persona orgullosa y arrogante, va con la cabeza bien levantada, mirando a los demás desde arriba como si ellos fueran inferiores. Cuanto más levantada hubiera tenido la nariz Najshón, más habría tardado la salvación en llegar. Lo mismo se aplica con nosotros.
Cuando salió el último Iehudí, las aguas se cerraron. Todos los Mitzrim habían entrado en el mar, y eran castigados terriblemente. Por más que quisieran salir, no podían. Al salvarse, los judíos, cantaron una canción profética en agradecimiento, Shirar HaIam que la decimos en la tefilá de Shajarit.
Los mitzrim habían ido a perseguirlos cargando joyas, en carruajes de oro con piedras preciosas encastradas y más. Al cerrarse, el mar sacó para afuera todas esas riquezas. El Pasuk dice que Moshé hizo que Bené Israel siguieran camino y Rashi explica que fue en contra de la voluntad del pueblo, el cual quería seguir recolectando. Con esto, Moshé les quería enseñar a Am Israel que la búsqueda de riqueza no es lo único que hay que aspirar en la vida. Como dice el dicho, “el que tiene uno quiere dos”.
Ahora se estaban dirigiendo a Har Sinai, donde luego recibirían la Torá. En el camino, Hashem los probó con falta de agua en Mará (una ciudad cuya agua es muy amarga). Moshé tiro una rama de olivo (amarga) y se hizo dulce. En ese lugar, enseñó unas Mitzvot. De allí, partieron hacia Elam, donde había 70 palmeras (simbolizando a los 70 sabios) y 12 pozos de agua (por las 12 tribus).
Al pasar un mes, se les acabó la comida, y se quejaron del hambre. Les fueron a pedir pan y carne (la carne no era necesaria, ya veremos como Hashem les da igual). Las características de sus comidas:
v Pan: Llamado Man. Los llenaba. Era blanco, con forma similar a la semilla de coriandro y tenía gusto a comida frita en miel. Los tzadikim, podían sentir el gusto que querían. Caía todas las mañanas menos en Shabat, pero el viernes ración doble. Dependiendo del nivel espiritual de cada uno, caía más o menos cerca de la carpa.
v Carne: Llamado Slav. Para comer, darse el gusto. Era un ave que venía del norte al desierto en busca de calor. Cuando llegaban, estaban tan cansadas, que volaban bajo y eran fáciles de agarrar. Caía de noche, así no podían presenciar el milagro de su “caída”.
La medida que tenían que agarrar era de un omer (4 litros aprox.), aunque tomaran de menos o de más, siempre tenían lo mismo.  Los que sobraba del Man, se derretía y se convertía en agua para tomar; pero si tomaban de más o no comían todo por miedo a que al día siguiente Hashem no mandaría, se volvía gusanos.
El milagro Man que se derretía no duró todo el tiempo, en cambio, después para obtener el agua Hashem ordenó a Moshé que golpeara una roca, de la cual saldría agua y los acompañaría toda la travesía. Es conocida como la fuente de Miriam porque era en merito suyo (lo vemos en que cuando falleció, faltó agua).

Amalek fue a atacarlos, siendo los primeros en declararles guerra. Moshé subió a una montaña a hacerle tefilá a Hashem. Toda la guerra estuvo con las manos levantadas (simbolizando su confianza en que todo dependía de Hashem). Al final, ganaron.

martes, 7 de enero de 2014

Perashat Beshalaj

Los Iehudim ya habían salido de Egipto, pero ahora tenían que llegar a Eretz Israel.  Había dos caminos, uno más corto que pasaba la tierra de los Pelishtim (Filisteos), el cual no eligieron porque a la primera batalla, los Iehudim querrían volver a Egipto. En cambio, Hashem los condujo por alrededor de la tierra de los Pelishtim, y entrarían a la Tierra Prometida por el lado Este.
Para guiarlos en el desierto, Hashem mandó una nube de día y una columna de fuego por la noche. Además, seis nubes más: una en cada punto cardinal, una arriba y otra debajo de sus pies para protegerlos del calor, frío, escorpiones, atacantes...
Los Mitzrim quieren que vuelvan,  y salen a perseguirlos ya que realmente el trato era para volver a los tres días en los cuales harían korbanot a Hashem.  Hashem ordena a Moshé que los Iehudim retrocedan, así los egipcios estarían más cerca.  Al darse cuenta los Bené Israel de que eran perseguidos, se aterraron. Hashem hizo que la nube que los guiaba, vaya detrás de ellos, así atrapaba las lanzas.
Moshé les dijo que siguieran camino, a pesar que lo único que había era el Iam suf (mar Rojo/de los juncos).  Primero entró Najshón ben Aminadav y cuando el agua le llegaba al cuello, Hashem abrió las aguas.  Cuando salió el último Iehudí, las aguas se cerraron, ahogando a cada uno de ellos. Todos los Mitzrim habían entrado en el mar, y eran castigados terriblemente. Por más que quisieran salir, no podían. Al salvarse, los judíos, cantaron una canción profética en agradecimiento, Shirar HaIam que la decimos en la tefilá de Shajarit (Vaiosha y Az Iashir Moshé…).
Ahora se estaban dirigiendo a Har Sinai, donde luego recibirían la Torá. En el camino, Hashem los probó con falta de agua en Mará (una ciudad cuya agua es muy amarga). Moshé tiro una rama de olivo (amarga) y se hizo dulce.
Al pasar un mes, se les acabó la comida, y se quejan del hambre. Les fueron a pedir pan y carne (la carne no era necesaria, ya veremos como Hashem les da igual). Las características de sus comidas:
v Pan: Llamado Man. Los llenaba. Era blanco y tenia gusto a comida frita en miel. Los tzadikim, podían sentir el gusto que querían. Caía todas las mañanas menos el sábado, pero el viernes ración doble.
v Carne: Llamado Slav. Para comer, darse el gusto. Era un ave que venía del norte al desierto en busca de calor. Cuando llegaban, estaban tan cansadas, que volaban bajo y eran fáciles de agarrar. Caía de noche, no podían presenciar el milagro.
La medida que tenían que agarrar era de un omer (4 litros aprox.), aunque tomen de menos o de más, siempre tenían lo mismo.  Los que sobraba del Man, se derretía y se convertía en agua para tomar; pero si tomaban de más por miedo a que al día siguiente Hashem no mandaría, se volvía gusanos.
Este milagro del Man que se derretía no duro todo el tiempo, en cambio después para obtener el agua Hashem ordenó a Moshé que golpeara una roca, de la cual saldría agua y los acompañaría toda la travesía. La llamaron la fuente de Miriam porque sabían que era en merito suyo.

Hashem les envió a Amalek a que los atacaran. Moshé subió a una montaña a hacerle tefilá a Hashem. Toda la guerra estuvo con las manos levantadas. Al final, ganaron.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Perashat Haazinu

Casi toda esta perashá es el canto de Moshé en su último día en este mundo
Moshé empieza diciendo que el cielo y la tierra son los testigos de que los Iehudim no deberían desobedecer la Torá, para que constantemente (además de Hashem) existan dos testigos de los actos de Benei Israel.
Moshé compara a la Torá con la lluvia: sin agua no hay vida, sin Torá, tampoco, o por lo menos, con objetivo. Hashem es justo, no hace NADA por venganza, y no podemos conocer cuáles son Sus pensamientos al castigarnos o bendecirnos. Cuando pecamos, no perjudicamos a Hashem, sólo a nosotros mismos. Podemos ver que generaciones anteriores que pecaron (como la del diluvio, torre de Babel…) sólo lastimaron a ellos, siendo dispersados o muertos por Hashem.
¡Los Iehudim nunca desapareceremos! Somos la nación elegida y eterna para Hashem. Quizá seamos pocos en comparación de los otros pueblos, pero siempre existiremos. Un buen ejemplo de que Hashem siempre nos cuida: Todas las aves llevan a sus crías que no saben volar entre sus garras, ya que si se las ponen en la espalda, aves que vuelan más alto podrían arrebatarlas. En cambio, el águila no hace esto, se las pone en la espalda ya que es el ave que vuela más alto que todas, y si le llegaran a tirar una flecha o tiro, muere ella y sus crías no. Así (sin comparación) hace Hashem, Él es El que puede hacer todo, y hasta dio Su casa (el Beit HaMikdash) para que no desaparezca todo el pueblo Iehudí (judío).

Hashem dice a Moshé que suba a Har Nevó, donde vería todo Eretz Israel y finalmente, fallecería.